Conclusiones

Del relato de la agitada vida de Ramón Bengaray Zabalza se pueden sacar varias conclusiones:

1.  Lograr pasar de ser un humilde obrero tipográfico a ser un próspero industrial en un plazo de diez años implica gran habilidad, capacidad y voluntad de trabajo, sobre todo teniendo en cuenta los tiempos en que esto ocurrió (de 1926 a 1936).

2.  Llama la atención su carácter multifacético y su capacidad para desarrollar con éxito y simultáneamente actividades tan diversas como impresor; industrial; importante político de carácter regional; cantante solista y “jotero” muy reputado; deportista aficionado; directivo de diversas instituciones gremiales, artísticas, políticas y deportivas y padre de familia con mujer y cinco hijos.

3.  Su personalidad debió ser cautivadora, ya que  mantuvo profundas relaciones de amistad con personas de todas las creencias y estratos sociales. Como un ejemplo conmovedor, en mi primer regreso a España me presentaron a un señor ya viejo que, al decirle que yo era hijo de Ramón Bengaray, después de treinta y dos años de su muerte me abrazó y lloró. Esta escena se repitió al serle presentado mi sobrino José Ramón a otra persona, que también lloró cuando supo que era nieto de Ramón Bengaray. Evidentemente, quien fue capaz de provocar esta clase de reacciones no debió ser una persona corriente.

Todo lo cual, más allá de la admiración que puede sentir un hijo por su padre, nos permite asegurar que Ramón Bengaray Zabalza fue un hombre extraordinario injustamente olvidado tanto por la historia oficial como por la de Izquierda Republicana, su propio partido, del que fue presidente en Navarra.

  

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